Por Julieta Ogando

+Feria Fotogalería + PROA

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Horacio Coppola, Facundo de Zuviría, Lucas Castro, Gastón Cerbino, Hurra Grattier, Sebastián Pachoud & Caro Tarre

Fotogalería Municipal, Santa Fe

Buenos Aires: La ciudad en diálogo & Santa Fe: Registros contemporáneos

En Calle Corrientes nocturna, de Horacio Coppola, la avenida baja por el centro de la imagen como una franja blanca demasiado recta para ser solamente una calle. A los costados, los edificios se vuelven masas negras perforadas por ventanas encendidas. La ciudad queda vista desde arriba, con distancia, con cálculo, con esa confianza moderna en que una cámara puede ordenar el ruido urbano si encuentra el punto exacto. La noche vuelve la forma más severa.

Ese primer golpe visual marca el eje de la muestra que reúne en la Fotogalería Municipal de Santa Fe, desde el 16 de mayo hasta julio de 2026, dos núcleos de trabajo. El eje porteño convoca a Horacio Coppola y Facundo de Zuviría bajo el título Buenos Aires. La ciudad en diálogo. El eje santafesino presenta Santa Fe. Registros contemporáneos, con obras de Lucas Castro, Gastón Cerbino, Hurra Grattier, Sebastián Pachoud y Caro Tarré. Organizada por Fundación Proa, Fotogalería Municipal y Feria +Arte, con curaduría y coordinación de Cecilia Jaime y Aimé Luna, la muestra arma un cruce. No coloca a Santa Fe como nota al pie de Buenos Aires. Tampoco deja que las fotografías locales respiren del todo sin la presión de una genealogía fuerte. Ahí aparece su fricción.

La sección histórica trabaja con una decisión material que pesa más de lo que parece. Las obras de Coppola y de Zuviría se presentan como copias de exhibición de 50 x 50 cm. Esa medida compartida empareja momentos distintos y obliga a leer superficies, encuadres y distancias. En Coppola, las calles de 1931 y 1936 aparecen nombradas con precisión topográfica. Calle San Martín a las 24 horas, Avenida La Plata esquina Rivadavia, Riachuelo, Puente Almirante Brown, Obelisco. Los títulos fijan puntos. La imagen las somete a una operación formal dura. Las avenidas se vuelven ejes, las medianeras se vuelven planos, el río y el puerto se vuelven bordes de una ciudad pensada desde la geometría.

Su paso por la Bauhaus en 1932, bajo Walter Peterhans, y la asimilación de la Nueva Visión modifican la lectura de esas fotos. Cuando hay autos, luces, agua o carteles, la fotografía busca una forma dominante. En Calle Corrientes nocturna, esa forma es la incisión luminosa de la avenida. En Obelisco, la verticalidad se recorta como un cuerpo geométrico aislado. En Medianeras, la ciudad pierde anécdota y queda reducida a pared, sombra, límite y repetición.

De Zuviría baja el tono heroico. Sus puertas, cafés, fachadas y bares hacen trabajar otra escala de la calle. Puertas, calle Estados Unidos, Café en Cochabamba y Defensa, Bar Británico, San Telmo, Casita en la autopista, Liniers. El encuadre frontal mira una arquitectura menor, hecha de persianas, vidrios, carteles, sombras y desgaste. La misma medida deja ver dos modos de disciplinar la calle sin borrar sus diferencias. Coppola arma ciudad desde altura, eje y síntesis. De Zuviría insiste en la fachada como zona de roce social, comercial y barrial.

El problema aparece cuando el legado porteño queda demasiado sólido. Coppola y de Zuviría llegan con una historia ya sedimentada. Frente a ese bloque, la zona santafesina corre el riesgo de quedar leída como actualización local de una gramática previa. La muestra esquiva ese encierro cuando deja que los trabajos contemporáneos exhiban su desproporción interna. Ahí importan los tamaños cambiantes y la mezcla de registros. En Santa Fe. Registros contemporáneos hay fotografías analógicas de toma directa de 20 x 30 cm junto a ampliaciones de 160 x 90 cm, fotografía digital de toma directa, piezas nocturnas de 15 x 21 cm y revelados artesanales en blanco y negro de 10 x 15 cm a 160 x 90 cm. Esa variación rompe la estabilidad cuadrada de la sección histórica.

Lucas Castro trabaja desde una fotografía analógica que no disimula su relación con la espera. En Santa Fe, 2017, la escena del comercio de compra de oro reúne cuerpos quietos sobre una vereda, persiana, vidriera, cartel y una luz verdosa que enfría la escena. La fotografía retiene una economía urbana reconocible. El frente comercial, la conversión del oro en dinero, la pausa de quienes están afuera. En Santa Fe, 2024, la ampliación de 160 x 90 cm cambia el contrato de lectura. La escala agranda una imagen áspera, vegetal, bloqueada por formas oscuras contra un plano gris. La ciudad aparece por acumulación de materia.

Gastón Cerbino usa la toma directa digital para una limpieza incómoda. En sus imágenes de 30 x 20 cm aparecen una pared con una persiana rosa, un tráiler o caja con grafitis en un estacionamiento, una esquina azul con marcas de obra, cinta amarilla y manchas en el piso. En la obra de 160 x 90 cm de 2025, una construcción irregular, pasto, paredones y una prenda blanca colgada cortan el encuadre nocturno. Cerbino encuentra ciudad donde no hay fachada memorable. Le alcanza una pared demasiado pintada, una marca de reparación, una acumulación edilicia sin gracia.

Hurra Grattier introduce una resistencia material distinta. Sus fotografías analógicas en blanco y negro, con revelado artesanal, trabajan desde tamaños pequeños y una oscuridad que no se deja limpiar. Mirando con los ojos cerrados mide apenas 10 x 15 cm. Esa escala obliga a acercarse y a aceptar una imagen parcial, con formas blancas flotando en un fondo negro. En Se vieron por casualidad..., Pensando en aquel sueño y las piezas sin título, el blanco y negro evita la nostalgia automática. El revelado artesanal deja que el grano, los contrastes y las zonas veladas participen de la lectura. Cuando una antena ocupa la vertical de una imagen de 160 x 90 cm, la ampliación vuelve extraño un elemento común. El poste, los cables y el cielo ocupan una pared con la insistencia con la que Coppola hacía aparecer el Obelisco, aunque el resultado sea más frágil y menos triunfal.

Sebastián Pachoud lleva la noche hacia una teatralidad seca. En sus fotografías digitales, la luz recorta edificios, comercios y rincones casi vacíos. Un local con neón rojo y verde queda detenido en medio de la oscuridad. El cartel de Cherrys ilumina una persiana cerrada mientras una figura cruza por delante. La foto de 90 x 160 cm de 2019 agranda una construcción tomada de noche, con un círculo de luz que cae sobre una esquina y deja las demás zonas en sombra cerrada. Pachoud maneja bien esa escena detenida, aunque algunas imágenes chicas rozan una estética nocturna ya codificada. Cuando aparece un detalle que desordena el clima, como una figura aislada, un cartel excesivo o una luz demasiado artificial, la imagen gana precisión.

Caro Tarré trabaja con una austeridad que al principio puede parecer menor y termina siendo clave para que la muestra no quede capturada por la noche. En Colón, Entre Ríos, de 2009, una puerta verde, una pared clara y un árbol joven arman una composición seca, casi doméstica. En Bar Cerra. Santa Fe, Estación Mitre. Santa Fe y Parque Garay. Santa Fe, el blanco y negro ordena sombras, columnas, rejas, veredas, árboles y bancos. Sus fotos funcionan por insistencia. Miran cómo el espacio público se marca con sombras largas, accesos y zonas de paso, incluso cuando no hay escena humana evidente.

La muestra encuentra su mejor argumento cuando la comparación deja de depender de la jerarquía histórica y se apoya en decisiones visibles. El 50 x 50 cm de Coppola y de Zuviría arma una ciudad estabilizada por la copia, la serie y el canon. Los tamaños variables de los autores santafesinos introducen otra respiración, menos uniforme, más sujeta a hallazgos dispersos. La fotografía analógica de Castro y Grattier carga tiempo en la superficie. La digital de Cerbino, Pachoud y Tarré corta con más limpieza, pero también puede endurecer demasiado algunos motivos. Esa convivencia de técnicas no garantiza intensidad por sí sola. La zona contemporánea se vuelve más fuerte cuando cada imagen asume una decisión de distancia, escala o luz, y se debilita cuando confía en que la noche, el vacío o el deterioro urbano van a hacer el trabajo crítico por la fotografía.

Hay una buena decisión curatorial en no convertir la ciudad en tema homogéneo. La calle de Coppola puede ser avenida, puerto, obelisco o medianera. La de Zuviría, puerta, café, bar o fachada. La de Castro, Cerbino, Grattier, Pachoud y Tarré aparece repartida en comercios de compra de oro, persianas pintadas, ramas oscuras, cables, neones, estaciones, parques y paredes lavadas por luz dura. El resultado no cierra una imagen de Santa Fe frente a una imagen de Buenos Aires. Deja algo útil. Una comparación de modos de mirar que a veces se sostiene y a veces cruje por la desigualdad de peso histórico.

Ese crujido conviene. Sin él, la muestra quedaría demasiado prolija. Con él, las fotos de Santa Fe pueden discutir con Coppola y de Zuviría sin pedirles permiso. La línea blanca de Corrientes sigue ahí, vertical, ordenadora. Al lado, una puerta verde, una persiana rosa, una prenda colgada o una antena ampliada hasta ocupar una pared muestran que una ciudad también se registra cuando el encuadre renuncia a dominarla por completo.

Esta foto captura el ambiente general del espacio de la feria MAPA durante el evento. El lugar, caracterizado por su arquitectura industrial, está lleno de asistentes que se mezclan y ven las obras de arte. La configuración incluye varias obras de arte exhibidas a lo largo de las paredes blancas de la galería, iluminadas por la iluminación del lugar, contribuyendo a un ambiente vibrante y atractivo.

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