Por Julieta Ogando

+Feria 2026

+Feria 2026

+44 propuestas

Altos de la Estación Belgrano, Santa Fe

El primer golpe de +Feria 2026 no viene de una obra aislada, viene de un andamio azul. En él conviven piezas de tradición y la producción actual. Caños gastados, pintura saltada, tablones con manchas, piezas cerámicas repartidas a distintas alturas. El montaje no disimula su condición de armado. La cerámica litoraleña aparece sobre una estructura que parece de obra, casi prestada de otro trabajo, y esa decisión vuelve visible algo que una feria suele esconder. Antes de que haya venta, catálogo o recorrido amable, hay soporte. Hay peso. Hay alguien que sube, acomoda, traslada, ilumina, sostiene.

Esa imagen sirve para entrar a la sexta edición de +Feria Arte Contemporáneo de Santa Fe, realizada del 15 al 17 de mayo en los Altos de la Estación Belgrano. La feria reunió más de cuarenta expositores seleccionados por convocatoria pública nacional, entre artistas individuales de Santa Fe y su área metropolitana, galerías, colectivos, espacios autogestionados, proyectos de formación, residencias y editoriales. Recibió 103 postulaciones y seleccionó 44 propuestas. El dato importa porque la feria no funciona solamente como vidriera. Funciona como filtro, como escena temporal, como dispositivo de aparición.

La Estación Belgrano ayuda y molesta a la vez. Sus pisos de madera, sus techos altos, sus paredes de feria institucional y su escala pública producen una mezcla rara entre museo, mercado, salón municipal y plataforma de ensayo. En un stand, unas formas blandas color piel cuelgan de varas verticales coronadas por puntas metálicas. Tienen algo de extremidad, de órgano, de muñeco lastimado. Atrás, una pintura con una figura rígida y pequeños seres rosados parece venir de otro régimen de imagen, más narrativo, más frontal, casi doméstico en su rareza. La proximidad entre ambas obras no ordena una lectura prolija. Obliga a aceptar la convivencia. Eso hace una feria cuando funciona. No da una sala pura. Fabrica choques de escala, material y temperatura.

+Feria se organizó en tres sectores curatoriales, Legado, Pulso y Visión. La división temporal es clara como marco. Legado reúne trayectorias y continuidades, Pulso concentra producciones atravesadas por el presente, Visión apunta a búsquedas experimentales y proyecciones futuras. Como arquitectura conceptual, la trilogía le da a la feria una columna vertebral. Como recorrido físico, se vuelve más inestable. El visitante entiende menos por cartel que por acumulación. Aprende a leer caminando entre barro, óleo, madera, fibra, pantalla táctil, papel, lámparas, pequeñas pinturas recortadas con forma de autos y esculturas animales con la boca abierta.

Ese desajuste no necesariamente perjudica a la feria. Una feria de arte contemporáneo en Santa Fe no tiene que imitar el comportamiento limpio de una feria blanca, cara, neutralizada. Su valor aparece cuando deja ver la fricción entre profesionalización y precariedad, entre deseo de mercado y escena todavía en armado, entre identidad local y validación externa. En ese punto, la palabra infraestructura resulta más precisa que la palabra evento. +Feria arma condiciones. Junta artistas sin representación, galerías del país, proyectos editoriales, espacios autogestivos, premios, cámaras, fundaciones, plataformas digitales y público general en un mismo edificio. Esa reunión no es menor en una ciudad donde la circulación artística necesita más que talento individual. Necesita superficies de contacto.

La feria también permite mirar un problema que muchas veces queda por debajo del discurso cultural. Una escena artística no existe solamente porque haya artistas produciendo. Existe cuando aparecen modos de inscripción, de lectura, de venta, de conversación y de archivo. Existe cuando una obra puede salir del taller y entrar en una red sin perder del todo su espesor. En +Feria, esa red aparece en estado visible, con sus aciertos y sus torpezas. Los stands, los nombres impresos, los QR , los textos de sala, las plataformas digitales, los premios y las adquisiciones no rodean a las obras como elementos secundarios. Son parte de la operación. Modifican el modo en que una pieza entra en el campo artístico.

El mercado, acá, aparece antes como una tecnología de legitimación que como una caja registradora. Una obra entra en una cadena de valor cuando fue seleccionada, montada, mirada por colegas, leída por posibles compradores, situada junto a otras, ofrecida en una plataforma, reconocida por un premio o adquirida por una fundación. La venta puede ocurrir o no. La feria ya produjo algo antes de eso. Produjo posición. Produjo pertenencia. Produjo una escena visible durante tres días.

Por eso la asignación estímulo a los seleccionados no debería leerse como un detalle administrativo. En una feria federal, especialmente fuera de los centros donde se concentran compradores, prensa y galerías de mayor capital, acompañar económicamente la participación modifica quién puede estar. La profesionalización no se declama con diseño gráfico ni con nombres importantes en una grilla. Se verifica en estas condiciones materiales, muchas veces poco glamorosas. Traslado, montaje, impresión, embalaje, tiempo de trabajo, atención de stand. Ahí se juega una parte decisiva de la igualdad real dentro del sistema artístico.

En la entrega de premios, GIRO - Cámara de Galerías de Santa Fe tuvo un rol central a través de su programa de adquisiciones, con obras de Rita Reginelli, de Proyecto Garage, Paco Bergallo y Antonela Peretti, de La Dealer colectivo, y Mer Kala, de Riorosa, además de una mención honorífica a la creación artística santafesina para U.N.A red. La trama de reconocimientos se amplió con el Premio Estímulo Leiva Seguros para Mario Quinteros, el Premio Estímulo Senador Provincial del Departamento La Capital Paco Garibaldi a la creación artística santafesina para Ángeles Rivero, el Premio Adquisición Fundación La Calandria a la creación artística para Elisa Culzoni y los dos Premios Estímulo In Situ, destinados al proyecto artístico Núcleo Contemporáneo, recibido por César Núñez, y al proyecto de Mariana Goñi. La entrega refuerza uno de los movimientos más concretos de la feria, convertir la visibilidad en adquisición, estímulo económico y continuidad posible para artistas y proyectos de la escena santafesina.

Las alianzas de esta edición empujan en esa dirección. Fundación Proa, Diderot.Art, Giro, Residencia Vergel, Premio In Situ y Fundación La Calandria expanden el radio de acción de +Feria. La pantalla táctil de Diderot.Art, con una cápsula digital de artistas locales, extiende el tiempo de la feria más allá del fin de semana. Giro suma adquisición y asesoramiento. Vergel introduce una residencia que desplaza la práctica artística hacia un hospital público. In Situ premia producciones ligadas al territorio. La Calandria compra obra de un artista santafesino. Todo eso aumenta circulación, pero también marca una dependencia. Para proyectar lo local, la feria convoca sellos de validación que vienen de otros circuitos o que operan con lógicas más consolidadas. La pregunta queda abierta. Hasta qué punto esas alianzas fortalecen la escena santafesina y hasta qué punto empiezan a medirla con parámetros de reconocimiento importados.

Ese es uno de los puntos más fértiles de esta edición. +Feria parece entender que el federalismo cultural no se resuelve con sumar direcciones postales de distintas provincias. La presencia de galerías de Buenos Aires, Córdoba, Paraná, Rosario, San Nicolás y Santa Fe amplía el mapa, pero el núcleo de la feria está en otro lado. Está en cómo una ciudad arma una escena sin pedir permiso del todo, aunque todavía necesite interlocutores externos para consolidarse. Ahí aparece una contradicción productiva. Santa Fe quiere afirmarse como polo, pero un polo no se decreta. Se entrena. Se sostiene con regularidad, compras, crítica, coleccionismo, curaduría, instituciones activas, públicos curiosos y artistas que no tengan que irse para ser leídos.

En ese mapa, el stand de ALMACÉN |arte contemporáneo| permite ver una forma menos declamativa de circulación federal. Con sede en San Nicolás de los Arroyos y CABA, la galería llevó obras de María Paz Secundini, Leo Mayer y Laura Romano, y armó una escena donde fotografía, dibujo, cerámica y textil no aparecían como disciplinas separadas, sino como modos distintos de procesar naturaleza. En las imágenes de Secundini, el agua, el vapor y la roca perdían nitidez hasta quedar cerca de una experiencia física de la superficie. Romano llevaba flora y fauna hacia dibujos y piezas cerámicas donde la observación científica se volvía objeto sensible. Mayer ordenaba el espacio con textiles hechos a partir de hilos ligados a su práctica en la industria alimenticia. El resultado condensaba una de las líneas más claras de la feria, la naturaleza como materia traducida, clasificada, recompuesta y puesta a circular dentro de un sistema de mercado.

Lo mejor de +Feria aparece cuando esa pregunta no se tapa. La instalación del Taller de cerámica de La Guardia, con sus piezas distribuidas sobre andamios, trabaja exactamente ahí. La Guardia no aparece como una postal identitaria ni como folklore de vitrina. Aparece como técnica viva, transmisión, barro modelado, aprendizaje, animal, recipiente, máscara, olla, criatura.

Ese montaje, además, corre a la cerámica de una lectura decorativa. Las piezas no quedan domesticadas por la blancura del pedestal. El andamio las vuelve parte de un proceso, las ubica entre la construcción y el archivo, entre el taller y la exhibición. El barro cocido conserva la marca de una mano, pero también de una técnica transmitida. En una feria donde muchas obras compiten por impacto rápido, esa sección trabaja con otro tiempo. Pide mirar formas, engobes, bocas, bordes, animales, recipientes, variaciones mínimas. Pide entender que una práctica histórica puede seguir activa sin convertirse en souvenir de sí misma.

En otro sector, tres autos pintados y recortados sobre la pared reducen el paisaje urbano a íconos mínimos. No hay épica de ciudad. Hay Gol, chapa, patente, sombra, color gris verdoso, escala de juguete y recuerdo barrial. Cerca, un pequeño cuadro con una escena doméstica intervenida por una estructura de hierro celeste convierte la pared roja en parte del objeto. En otro stand, un grupo de lámparas de vidrio y colores pastel roza el borde peligroso entre obra y decoración. Ese borde también le pertenece a la feria. El mercado no tolera siempre las categorías puras. A veces lo que se vende como arte se parece demasiado a un objeto de living, y ahí conviene mirar más, no menos. La pregunta por el gusto, por el diseño, por lo coleccionable y por lo amable también forma parte del funcionamiento real de una feria.

Hay momentos donde la densidad juega en contra. Algunas obras quedan demasiado pegadas al ruido de feria. Otras dependen de textos o QR que no alcanzan a sostenerlas en medio del tránsito. El sistema de sectores curatoriales, aunque útil en términos discursivos, no siempre logra ordenar la experiencia concreta del visitante. El exceso de estímulos puede achatar diferencias entre obras muy distintas. Una pieza de fibra pequeña, con flores, pájaros y animales sobre superficies textiles, pide otro tiempo que el que suele permitir una feria. Un conjunto de dibujos delicados, piezas de arcilla, cajas negras y fotografías de superficies erosionadas reclama una mirada de laboratorio. La feria los incluye, pero no siempre les da aire suficiente.

Ese límite es parte del problema y también de su interés. +Feria quiere ser mercado, programa público, plataforma de profesionalización, herramienta de legitimación, evento ciudadano y relato de una escena. Esa multiplicidad la vuelve relevante y, al mismo tiempo, la expone a cierta sobrecarga. Cuando una feria quiere cumplir todas esas funciones, corre el riesgo de convertir cada obra en prueba de un argumento institucional. Santa Fe como polo. Santa Fe como escena federal. Santa Fe como territorio con historia. Santa Fe como futuro. Las obras resisten mejor cuando no quedan reducidas a esas frases.

También hay que decir que la importancia de una feria no se mide únicamente por la cantidad de expositores, aliados o visitantes. Se mide por lo que logra modificar después de que se apagan las luces. Si las alianzas quedan en foto institucional, si la plataforma digital no deriva en ventas o seguimiento, si la adquisición opera como gesto aislado, si los premios no generan continuidad crítica, el impulso se consume rápido. +Feria 2026 tiene valor porque arma una maquinaria más compleja que la de una muestra temporaria, pero esa misma complejidad exige continuidad. Una escena no se fortalece por intensidad de fin de semana. Se fortalece cuando el fin de semana deja consecuencias.

La importancia de +Feria 2026 está precisamente en esa disputa. No porque haya resuelto de una vez el lugar de Santa Fe en el mapa del arte contemporáneo argentino, sino porque mostró la maquinaria que hace falta para intentar moverlo. Una feria de estas características vale cuando deja obras vistas, contactos hechos, compras posibles, instituciones comprometidas, artistas mejor ubicados y públicos menos ajenos. Vale también cuando exhibe sus costuras. El andamio azul, las puntas metálicas, el barro, los autos mínimos, las lámparas, los animales que nos muestran los dientes, los papeles enmarcados y las piezas blandas colgando del aire arman una imagen precisa de esta edición. Una escena que no se presenta terminada. Una escena que todavía necesita estructura, pero que ya empezó a usarla.

Esta foto captura el ambiente general del espacio de la feria MAPA durante el evento. El lugar, caracterizado por su arquitectura industrial, está lleno de asistentes que se mezclan y ven las obras de arte. La configuración incluye varias obras de arte exhibidas a lo largo de las paredes blancas de la galería, iluminadas por la iluminación del lugar, contribuyendo a un ambiente vibrante y atractivo.

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Esta foto captura el ambiente general del espacio de la feria MAPA durante el evento. El lugar, caracterizado por su arquitectura industrial, está lleno de asistentes que se mezclan y ven las obras de arte. La configuración incluye varias obras de arte exhibidas a lo largo de las paredes blancas de la galería, iluminadas por la iluminación del lugar, contribuyendo a un ambiente vibrante y atractivo.

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