Por Julieta Ogando
Maria Elisa Luna
Gachi Prieto Arte Contemporáneo
11 abr 2024
Los colores y formas de @lunaelisamaria cobran una vida nueva, se desprenden de las heridas y se transforman en el lenguaje de “Las heridas se curan de noche”.
Mi visita a @gachiprietogaleria con la artista guiándome a través de su mundo, reveló más que una serie de obras; reveló una transición, una metamorfosis personal y artística que va más allá de la mera estética.
Luna, que antes encontraba consuelo en la rigidez del blanco y negro, ha roto su propia estructura después de una lesión y desafíos personales, derramando su alma en el lienzo con una paleta que se funde como las emociones al amanecer. La ruptura de un tobillo entre otros avatares no hicieron más que alimentar su fuego creativo, empujándola hacia un despertar cromático en los bastidores que le quedaban, trabajando con lo que tenía a mano, un relato de resiliencia y renacimiento.
En la conversación, Luna me habló de cómo su cuerpo y su arte se curaron juntos, una mutación nocturna que dio título a esta exposición. La ventana, figura antes ausente, ahora se materializa en sus obras, encuadrando los colores y anidando formas que exigen ser experimentadas en tres dimensiones, transformando la percepción del objeto artístico de algo intocable a algo que busca la interacción humana.
La muestra “Las heridas se curan de noche” es un recorrido, no solo a través de la evolución artística de Luna sino también a través de su viaje personal, culminando en objetos tridimensionales que, aunque ásperos en forma, invitan a una dinámica única. Hablamos también de ese estado entre la vigilia y el sueño, donde se activa su mente, un espacio liminal que ahora se manifiesta en cada pieza.
En “Las heridas se curan de noche”, curada por @carocuervobudd Luna nos ofrece un espacio donde el arte no es sólo visto, sino sentido; donde la interacción completa la obra y el espectador se convierte en parte integral del proceso creativo.
La invitación está abierta: visita la muestra y forma parte de esta experiencia donde cada degradado de color es un testimonio de las heridas que, en la quietud de la noche, encontraron su camino hacia la curación.