Por Julieta Ogando

Kokamama: Abundancia Divina

Kokamama: Abundancia Divina

Alejandro Thornton, Jorge Opazo, Max Alyundi, Paula Otegui & Pedro Perelman

Pabellón Cuatro

Un núcleo oscuro, compacto, casi sellado, interrumpe la lectura antes de que empiece. No organiza la imagen: la bloquea. A partir de ese punto, todo se expande sin jerarquía —arcos de color saturado, figuras que se superponen, patrones que no terminan de coincidir— pero nada logra estabilizarse. La pintura no se abre; se espesa.

Vistas en el stand de Pabellón 4 en Pinta Lima, las obras de Kokamama. Abundancia divina aparecen como recortes de un sistema mayor que no está del todo disponible. Esa condición no reduce su potencia, deja al descubierto las operaciones de cada artista sin el sostén de un relato unificador. Lo que queda no es una narrativa, sino una serie de procedimientos que intentan traducir una misma fricción —la coexistencia de planos incompatibles— sin resolverla de la misma manera.

En Paula Otegui (Como bailar hacia atrás y hacia adelante, 2025), la pintura funciona por acumulación, pero no como suma. Las capas no se ordenan: se interfieren. Acrílico sobre tela de gran formato, zonas de color plano junto a áreas donde la materia se vuelve porosa, figuras recortadas con precisión conviviendo con otras que se disuelven. Nada termina de fijarse. La forma no colapsa, pero tampoco se consolida.

Ese comportamiento acerca la pintura a lo informe, no como ausencia de forma sino como forma en fuga. Cada intento de organización queda inmediatamente desbordado por otro. El centro —ese núcleo oscuro— no estructura la imagen: introduce un punto de opacidad que el resto no logra absorber. La imagen no se recorre; se traba. Y cuando la acumulación pierde diferencias internas —cuando todo insiste con la misma intensidad— la pintura se aplana. Funciona mejor cuando algo resiste, cuando una figura no termina de integrarse o un plano corta la continuidad.

Pedro Perelman trabaja desde la precisión del corte. En Falso Profeta (2025) o La gravedad del asunto (2024), los planos están definidos con claridad, pero no encajan. Arquitecturas, cuerpos y objetos se montan como si pertenecieran a sistemas distintos. La imagen parece calculada, incluso estable, pero siempre hay un desplazamiento mínimo que la desajusta.

En las cerámicas de recuerdos partidos III (2025), ese desajuste se vuelve físico. Pequeñas piezas —cabezas, animales, objetos— aparecen seccionadas con cortes limpios. La superficie clara y encerada se interrumpe y deja ver un interior oscuro que no coincide con el exterior. No es una rotura accidental. Es una división que produce dos estados simultáneos que no se reconcilian. La forma ya no es unidad: es un borde.

Jorge Opazo introduce otra lógica: no corta la imagen, la contamina. Sus obras están realizadas sobre páginas de manuales de circuitos de TV, y ese soporte no se neutraliza. Diagramas, números, estructuras técnicas siguen operando. Las escenas —figuras rituales, arquitecturas, gestos narrativos cercanos al cómic— no se imponen sobre ese fondo, quedan atrapadas en él.

La imagen, entonces, no es solo lo que se ve, sino el resultado de un programa previo que la condiciona. El soporte técnico actúa como un aparato que determina qué puede aparecer y cómo. Las figuras no logran asentarse porque el sistema que las contiene responde a otra lógica. No hay integración. Hay una especie de interferencia estructural: dos órdenes que coexisten sin traducirse.

Alejandro Thornton reduce todo a un esquema. En las impresiones sobre papel, sus Espíritus escondidos en el lenguaje repiten una figura mínima con variaciones. En las esculturas —acero inoxidable pulido con inserciones de cuarzo— ese mismo esquema se vuelve objeto. La operación es de condensación extrema: del campo simbólico a un signo, del signo a una figura estable.

El problema es que esa estabilidad aparece demasiado rápido. El material introduce presencia —reflejo, peso, superficie—, pero la forma ya está cerrada antes de que esa presencia pueda tensionarla. Las piezas funcionan con claridad, incluso con eficacia, pero esa claridad reduce la fricción que el resto del conjunto sostiene. El signo no se desarma, se afirma.

Max Alyundi desplaza el eje hacia otro registro. Sus piezas no se organizan principalmente como imagen ni como signo, sino como concentración material. No buscan representar ni traducir: acumulan una densidad que no se resuelve en lectura inmediata. A diferencia del resto, donde la tensión pasa por cómo algo se muestra, acá pasa por cómo algo se sostiene.

Esto introduce otra lógica. La materia no aparece como soporte de un sentido previo, sino como aquello que produce efecto. No hay distancia entre forma y contenido porque no hay contenido que deba ser transmitido. Hay presencia. Pero esa presencia no siempre alcanza a generar conflicto. Cuando la carga se vuelve demasiado directa, la pieza se cierra sobre sí misma y pierde espesor. Funciona cuando esa condensación no se deja captar del todo, cuando hay un resto que no termina de hacerse visible.

Vistas fuera de su montaje original, las obras no pierden cohesión: pierden un marco que las alineaba. Y en esa pérdida aparece algo más preciso. No hay una traducción única posible. Cada artista ensaya una operación distinta sobre un mismo problema: Otegui desborda la forma, Perelman la divide, Opazo la somete a un sistema técnico, Thornton la fija en un signo, Alyundi la concentra en materia.

Ninguna de estas operaciones se resuelve del todo. Tampoco se integran entre sí. Lo que queda es una serie de intentos que no coinciden. Y en ese desacople —donde la forma no alcanza, el signo se estabiliza demasiado rápido o la materia se vuelve opaca— aparece lo más activo del conjunto: no una síntesis, sino una zona donde las cosas no terminan de encajar.

Esta foto captura el ambiente general del espacio de la feria MAPA durante el evento. El lugar, caracterizado por su arquitectura industrial, está lleno de asistentes que se mezclan y ven las obras de arte. La configuración incluye varias obras de arte exhibidas a lo largo de las paredes blancas de la galería, iluminadas por la iluminación del lugar, contribuyendo a un ambiente vibrante y atractivo.

Tu visión es única, tu proyecto es extraordinario.

compartí ideas, proyectos, y cualquier iniciativa que creas que pueda sumar a nuestra conversación sobre el

arte contemporáneo.

Esta foto captura el ambiente general del espacio de la feria MAPA durante el evento. El lugar, caracterizado por su arquitectura industrial, está lleno de asistentes que se mezclan y ven las obras de arte. La configuración incluye varias obras de arte exhibidas a lo largo de las paredes blancas de la galería, iluminadas por la iluminación del lugar, contribuyendo a un ambiente vibrante y atractivo.

Tu visión es única, tu proyecto es extraordinario.

compartí ideas, proyectos, y cualquier iniciativa que creas que pueda sumar a nuestra conversación sobre el

arte contemporáneo.